Y no es que me encante Almodóvar (más bien todo lo contrario desde una clase de Pilar Aguilar), pero es que se ha debido de poner de moda que se casen nuestras amigas, y ya estamos a vueltas con que si “nos tenemos” (al loro con la expresión) que poner los dichones tacones para el evento.
Pierre Bordieu dijo de los tacones que eran unos instrumentos al servicio de la dominación masculina. Sí, el tacón, esa prenda que nos hacer parecer más delgadas como por arte de mágica y elegantes, (a las que saben como caminar con ellos, claro) no hace, sino mantenernos incómodas, en equilibrio, frente al varón. El tacón nos hace parecer más guapas, cuando en realidad estamos más limitadas, ya que con tacones las mujeres vemos reducida de forma sustancial nuestra libertad de movimiento. Eso sí, más guapas mientras sufrimos rozaduras, hinchazón, callitos, quemazón, y heriditas varias. Porque si molesta una rozadura de un zapato normal, no me quiero imagiar como deben de ser la de los tacones.
A esto deberíamos añadir las consecuencias terribles para la salud de las mujeres: la mayoría de las mujeres que utiliza tacones diariamente sufre problemas de espalda. (¿A qué esperan las autoridades sanitarias para intervenir?). Sinceramente creo que los tacones son prendas en desuso, y les espera un recorrido parecido a de los corsés.
Pero esto de los tacones no es algo casual, sino fruto de una sociedad que fundamenta su estructura en la dominación masculina. Esta dominación masculina sobre las mujeres reside en esta socialización que se realiza, sobretodo, con el cuerpo, como explica Bordieu.
La socialización de las mujeres que ejercen la familia, la pandilla, el sistema educativo y los medios, pone límites sobre la totalidad de nuestro cuerpo: aprender a vestir, a sentarse, a comportarse, a andar, a hablar. La moral femenina, es decir, lo que es deseable socialmente en una mujer, se impone, entre otros métodos, por la presión sobre como vestirnos (en las sociedades occidentales) o en el pelo (en los países islámicos). Las mujeres sufrimos la opresión sobre nuestro cuerpos, encerradas en leyes y límites culturales (del que el velo o la burka es sólo la manifestación más visible) que limita los movimientos de su cuerpo. Ya sea el burka o los tacones, nos encontramos ante una brutal colonización del cuerpo de la mujer.
Y dicho esto, creo que resulta más interesante des-aprender, y des-construir nuestras vidas. Darle alguna vuelta en la cabeza, a esto y ya me contáis que os parece.
Ah! Sí, chicas, estamos fantásticas con nuestras zapatillas y flip-flops cuando cerramos los bares a las seis.
Pierre Bordieu dijo de los tacones que eran unos instrumentos al servicio de la dominación masculina. Sí, el tacón, esa prenda que nos hacer parecer más delgadas como por arte de mágica y elegantes, (a las que saben como caminar con ellos, claro) no hace, sino mantenernos incómodas, en equilibrio, frente al varón. El tacón nos hace parecer más guapas, cuando en realidad estamos más limitadas, ya que con tacones las mujeres vemos reducida de forma sustancial nuestra libertad de movimiento. Eso sí, más guapas mientras sufrimos rozaduras, hinchazón, callitos, quemazón, y heriditas varias. Porque si molesta una rozadura de un zapato normal, no me quiero imagiar como deben de ser la de los tacones.
A esto deberíamos añadir las consecuencias terribles para la salud de las mujeres: la mayoría de las mujeres que utiliza tacones diariamente sufre problemas de espalda. (¿A qué esperan las autoridades sanitarias para intervenir?). Sinceramente creo que los tacones son prendas en desuso, y les espera un recorrido parecido a de los corsés.
Pero esto de los tacones no es algo casual, sino fruto de una sociedad que fundamenta su estructura en la dominación masculina. Esta dominación masculina sobre las mujeres reside en esta socialización que se realiza, sobretodo, con el cuerpo, como explica Bordieu.
La socialización de las mujeres que ejercen la familia, la pandilla, el sistema educativo y los medios, pone límites sobre la totalidad de nuestro cuerpo: aprender a vestir, a sentarse, a comportarse, a andar, a hablar. La moral femenina, es decir, lo que es deseable socialmente en una mujer, se impone, entre otros métodos, por la presión sobre como vestirnos (en las sociedades occidentales) o en el pelo (en los países islámicos). Las mujeres sufrimos la opresión sobre nuestro cuerpos, encerradas en leyes y límites culturales (del que el velo o la burka es sólo la manifestación más visible) que limita los movimientos de su cuerpo. Ya sea el burka o los tacones, nos encontramos ante una brutal colonización del cuerpo de la mujer.
Y dicho esto, creo que resulta más interesante des-aprender, y des-construir nuestras vidas. Darle alguna vuelta en la cabeza, a esto y ya me contáis que os parece.
Ah! Sí, chicas, estamos fantásticas con nuestras zapatillas y flip-flops cuando cerramos los bares a las seis.